El passat 27 de febrer es va produir un terratrèmol a Xile, afectant sobretot la zona central i sud del país.
Una antiga voluntària de l’Aula d’Estudi, la Claudia, es d’aquell país i ha viscut en primera persona aquesta terrible experiència. Dies desprès ens va fer arribar una carta on l’explica.
Es tracta de una carta directe i viva però que sobretot amb una mirada d’esperança.
Os envío mi experiencia, en un intento de ponerla por escrito.
La naturaleza nuevamente nos pone prueba, esa es la experiencia que vivimos la madrugada del 27 de febrero, cuando nos despertamos con un fuerte sacudón, que se fue intensificando hasta hacernos saltar de la cama. En cuestión de segundos casi no podíamos caminar, hubo hermanas que no pudieron salir de sus habitaciones, otras que chocábamos con las paredes de los pasillos, sintiendo con gran susto cómo se azotaban contra el suelo cuanto había en las repisas y muebles de la casa, y otra que sujeta de un árbol con impotencia gritaba, esperando ver salir a las demás. ¡Qué difícil poder expresar en palabras la experiencia de que el piso y las paredes se muevan con tal intensidad que resulte difícil mantenerse de pie!
Aun hoy resulta difícil asimilar que vivimos un terremoto, el segundo en intensidad: 8,8 grados en la escala Richter (El primero: 9,5 grados en la escala Richter en 1960). La oscuridad de aquella noche nos impedía dimensionar los daños. Armándonos de valor fuimos al colegio, pudiendo constatar que la sala de video se había venido abajo. Estábamos angustiadas, no podíamos imaginarnos la magnitud de los daños, en ese momento sólo pensábamos en nuestras hermanas y nuestros familiares, cómo estarían, qué les habrá sucedido.
Gracias a Dios, disponíamos de un radio a pilas, porque a esas alturas se había cortado el suministro eléctrico. Las radioemisoras nos fueron dando a conocer de manera confusa lo que había sucedido: un terremoto que había abarcado siete regiones del país (más de mil kilómetros de las zonas más pobladas) y cuyo epicentro había sido en la Región del Bío-Bío. Entonces comenzó nuestra desesperación por comunicarnos con las hermanas del Hogar, puesto que Chillán pertenece a esa región. Todos nuestros esfuerzos eran inútiles, las líneas telefónicas estaban colapsadas. Eran casi las 6 de la mañana y nada sabíamos, pasarían horas antes de que pudiésemos hablar con ellas.
Poco a poco nos fuimos enterando del desastre, entre las réplicas de bastante intensidad, que cada poco nos hacían correr fuera de la casa. Con la luz de día nos dispusimos a hacer un recorrido por el colegio, enorme fue nuestra sorpresa cuando comenzamos a constatar que había más daños, no solo la sala de video. Varios techos de los pasillos en suelo, rajaduras en los muros, vidrios rotos, columnas fisuradas, imágenes de la Virgen rotas, computadores volcados, y la biblioteca literalmente en el suelo. No lo podíamos creer, era imposible comenzar las clases el día 3 de marzo como estaba presupuestado, y menos si todo esto correspondía a una falla estructural del edificio, situación que aun se está evaluando.
Pero había más, las hermanas chilenas de esta comunidad somos sureñas, y teníamos gran incertidumbre por no poder comunicarnos con nuestros familiares. Cómo estarían, qué les habría sucedido. Tras largas horas de espera, poco a poco fuimos teniendo noticias. Gracias a Dios estaban todos vivos, pero había algunos que ya no tenían casa, o que se habían quedado sin lugar de trabajo.
La ubicación de nuestro país desafía nuevamente nuestra perseverancia. Somos un pueblo con coraje, con una fortaleza que nos ha permitido ponernos de pie muchas veces. Sin embargo, en esta ocasión el golpe ha sido muy fuerte, el terremoto y los tsunamis de la zona centro sur han marcado nuestras vidas con una huella indeleble. Necesitaremos toda la ayuda de nuestros hermanos para reconstruir todo aquello que ha quedado en el suelo, para sanar las heridas del trauma que significa perder nuestros seres queridos, sin llegar a saber en algunos casos dónde están, porque el mar se los llevó, o perder todo aquello que con tanto esfuerzo se ha adquirido.
Sabemos que la fuerza de la fe en el Dios de la vida nos ayudará para salir adelante, y la perseverancia nos marcará la senda para volver a hacer de nuestra patria la copia feliz del Edén.
Claudia Figueroa, CTSJ
Santiago de Chile
Si voleu saber més dades del terratrèmol i com evoluciona la situació a Xile la font d’informació més fiable en Internet es www.terremotochile.com. Les fotos que il·lustren aquest article estan sortides de The Big Picture.




